EL ANTAGONISMO EN EL MOVIMIENTO



Primeramente intentaremos definir lo más sintética y claramente posible qué entendemos por antagonismo muscular.
Cuando realizamos un determinado movimiento se ponen en acción dos pares de músculos, los agonistas (“protagonistas” de la acción) y los antagonistas que contrarrestan esa acción, ejerciendo una cierta resistencia en contra.
Pondremos un ejemplo que ayude a entenderlo.
Si flexionamos el antebrazo, los músculos agonistas serán los bíceps (que en este caso se contraerán) mientras que los antagonistas serán los tríceps (los cuales se alargarán), creando un equilibrio de acción que permitirá realizar con éxito el objetivo.
Sin embargo, imaginemos en el supuesto que estamos tratando, que los antagonistas en vez de alargarse con una cierta facilidad colaborando en la acción, se opongan con más resistencia como si quisieran impedir la acción de los agonistas. De este modo, la acción se desarrolla con una fuerte resistencia y la intensidad muscular aumenta considerablemente, es más, si el grado de tensión se equilibrara entre los agonistas y los antagonistas, la acción no llegaría a realizarse y el brazo quedaría paralizado como cuando “echamos un pulso” y los oponentes tienen una fuerza similar. (Es lo que ocurre cuando realizamos una acción que requiere mucha fuerza. A más fuerza de los agonistas, más resistencia de los antagonistas)
Definido lo que es el antagonismo a nivel físico, pasaremos ahora a explicar como lo abordaremos desde el punto de vista de la Expresión Corporal.  Teniendo en cuenta que la relación cuerpo - espacio es indisociable; que el espacio es el lugar donde se desarrolla y se plasma el movimiento, representaremos al espacio como oponente a la acción del cuerpo. A través de la imagen de que el espacio adquiere diferentes grados de consistencia -ofreciendo una mayor o menor resistencia al movimiento- inmediatamente se pondrá en marcha el mecanismo del antagonismo muscular. Dependiendo de la resistencia dada al espacio, así será la intensidad muscular empleada.
 Teniendo en cuenta la intrínseca relación que existe entre el antagonismo y la intensidad muscular (a mayor antagonismo, mayor intensidad muscular y viceversa) y siendo esta última un factor básico en la expresión de las emociones, se nos hace imprescindible subrayar la gran importancia del antagonismo dentro del campo de la Expresión Corporal.

Pasemos a mostrar una de las maneras de introducir al alumno en la vivencia y experimentación del antagonismo.

Comenzaremos con el contraste entre fuerte y suave que contienen en si mismo emociones contrastadas. Posteriormente abordaremos los matices en el antagonismo, pues entre el tono fuerte y el suave existe toda una graduación de la intensidad muscular y por lo tanto, también de los matices emocionales.

  Contraste antagónico (fuerte - suave)

Le pediremos al alumno que una mano presione contra la otra, mientras esta ofrece una determinada resistencia, (es importante aclarar por un lado, que la resistencia no debe ser excesiva de modo que conduzca a la paralización, y por otro, que no sea tampoco mínima, ya que la mano que presiona no sentirá la resistencia que le debe ofrecer la otra).
Les sugeriremos después que, ese empuje de una mano sobre la otra, se vaya conduciendo además, hacia diferentes direcciones espaciales, (presionar hacia arriba, abajo, hacia un lado, otro, etc.), sintiendo con ello la intensidad muscular empleada para poder desarrollar el movimiento.
Los empujes se irán realizando después sobre diferentes partes del cuerpo:
·      Mano que presiona la cabeza mientras ésta ofrece cierta resistencia (presiona la sien, la frente, la nuca, etc.) llevándola de esta manera a diferentes direcciones del espacio.
·      Mano que presiona el esternón, un hombro, el costado, etc.
·      Mano que presiona el vientre, el ilíaco, etc.
·      Y así sucesivamente, presionando y movilizando con resistencia las diferentes partes del cuerpo.

Es importantísima la lentitud en este primer contacto con el antagonismo. El alumno ha de sentir qué expresión contiene cada gesto que va realizando. Por ejemplo, no es lo mismo la carga emocional que contiene una mano que presiona una sien en una determinada dirección produciendo en la cabeza una torsión, a que se ejerza esa presión en otra dirección distinta produciéndose una inclinación o que las dos manos enlazadas presionen al esternón y trasladen el pecho hacia atrás.

Enlazaremos esta primera experiencia con la imagen de que ahora es el espacio y no una determinada parte del cuerpo quien va a ofrecer la resistencia al movimiento, dándole una fuerte consistencia, como si fuera barro húmedo, ante lo cual, el cuerpo se verá obligado a realizar un fuerte empuje para penetrar en él.
Estas presiones hacia las diferentes direcciones del espacio que en principio se realizan con las manos, comenzarán a realizarse a continuación, con diferentes partes del cuerpo: un hombro que retrocede con resistencia, un pecho que avanza, etc.
Les incitaremos a que utilicen libremente la resistencia en el movimiento tanto hacia el espacio como hacia el cuerpo.
Es importante observar en todo este proceso el grado de intensidad muscular empleada por los alumnos. Para que no surja el agotamiento y dosifiquen la energía, es necesario hacerles ver que aunque estén dando al movimiento un gran antagonismo, este puede ser más o menos fuerte, graduable, localizándole en una determinada parte del cuerpo mientras el resto recibe y siente, pero sin globalizar el esfuerzo a todo el cuerpo, ya que eso conduciría al embotamiento.

Posteriormente, en un determinado momento, les haremos otra propuesta distinta: que el espacio comienza a perder consistencia dejando por lo tanto de ofrecer resistencia. El cuerpo entonces, penetra sin dificultad en él.
Los movimientos se tornan ahora suaves, la intensidad muscular disminuye hasta ser la mínima necesaria para desarrollar los gestos, el antagonismo es inapreciable.      

Y así les iremos invitando a que utilicen expresivamente el contraste fuerte – suave, recogiendo los diferentes alcances emocionales que conlleva el grado de intensidad con la que desarrollan el movimiento, encontrando poco a poco una coherencia interna en los pasajes de una intensidad a otra. 
Podemos observar los diferentes caracteres simbólicos que para cada alumno puede llevar este trabajo. En algunos, veremos pasajes de la dureza a la ductilidad; en otros, de la lucha al acuerdo; en otros de la severidad a la flexibilidad; etc.

También, a través del proceso contrario podemos introducir al alumno en la vivencia del antagonismo.
La acción del antagonismo no se da solo mediante la imagen de la resistencia que el espacio ofrece al movimiento. El proceso también puede ser inverso: el cuerpo puede ofrecer mayor o menor resistencia ante distintos factores espaciales.
Para el antagonismo fuerte podemos utilizar la imagen de que su cuerpo está hecho de una materia dura, informe, como una roca por ejemplo; la erosión del mar, y / o de los vientos van modelando su forma a través de los años, penetrando en la materia desde diferentes direcciones espaciales. Movimientos y formas, en un principio indefinidas, poco a poco irán adquiriendo un perfil más humano. Así, la erosión penetra por un hombro, movilizándole con resistencia; o por una determinada parte de la espalda o de la cabeza, etc., con lo cual el movimiento irá adquiriendo un significado más preciso.

Para utilizar en el movimiento poco antagonismo, podemos utilizar la imagen contraria: El cuerpo es como un junco flexible, responde sin resistencia a la brisa del viento. Al igual que en el trabajo anterior, el junco que en principio adquiere formas indefinidas y es movido desde diferentes direcciones espaciales, se irá concretando en movimientos suaves y ligeros de las diferentes partes del cuerpo.

Una vez vivenciado individualmente el contraste en el antagonismo empleado durante el movimiento, bien con una u otra imagen de las descritas anteriormente, realizaremos el trabajo en parejas.

En principio los dos miembros de la pareja estarán situados uno frente a otro. A, realizará un gesto de presión con la intención de movilizar a B. B, ofrecerá resistencia pero recibirá el empuje que A le manda. Ambos movimientos se desarrollarán con un fuerte antagonismo. Después será B quien movilice a A. De esta manera se irán transmitiendo el antagonismo y la concreción expresiva que este va adquiriendo.
Les sugeriremos que esta transmisión también puede darse mediante el contacto corporal, es decir la transmisión puede ser enviada desde la distancia o a través del contacto físico (la mano de A que presiona la cabeza de B; el antebrazo de B que presiona el hombro de A;…). A medida que van desarrollando el trabajo, la propia necesidad orgánica de evolucionar en la comunicación les llevará a emplear el contraste con la intensidad suave, lo que dará lugar a desarrollar otro tipo de relación.

Desde el movimiento con resistencia, que en principio ha podido tener una expresión de lucha, de desacuerdo, de poder, etc., será a través de la transformación de la intensidad como evolucionarán hacia relaciones de acuerdo, de juego, etc.


 Fragmento del libro de EXPRESIÓN CORPORAL - ARTE DEL MOVIMIENTO- Mercedes Ridocci